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La fórmula del tercerista: cómo los emprendedores argentinos ganan dinero sin ser ni proveedores ni clientes

Entre el productor y el consumidor hay un espacio creciente donde emprendedores argentinos construyen negocios que funcionan como intermediarios inteligentes. No venden productos, no prestan servicios directos: orquestan ecosistemas.

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Por Admin5 min de lectura
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Hay un tipo de emprendedor que prospera en la grieta. No en la grieta política, sino en esa brecha invisible entre lo que existe y lo que la gente necesita que exista para que esas cosas funcionen mejor. Son los terceristas del mundo digital: emprendedores que construyen negocios sin ser proveedores en el sentido tradicional, sin ser prestadores de servicios al usuario final, pero ganando dinero de manera consistente simplemente porque hacen que otros dos actores (ya sean empresas, profesionales o consumidores) se encuentren, se entiendan y prosperen juntos.

La característica común de estos negocios es casi invisible. No tenés un producto tangible. No prestas un servicio directo. Pero sin vos, algo no funciona. Y la gente paga—o acepta que otros paguen—porque tu solución resuelve un problema que antes no tenía respuesta clara.

El patrón: crear valor sin ser el proveedor

Pensá en los marketplaces de servicios que ya existen en Argentina. El modelo es conocido: conectan profesionales con clientes. Pero hay una evolución más reciente: emprendedores que van más lejos. No solo conectan. Certifican. Entrenan. Crean estándares. Construyen reputación. Garantizan calidad sin hacer el trabajo ellos mismos.

Es como si alguien dijera: «No voy a ser fontanero, no voy a ser la inmobiliaria, no voy a ser el cliente. Pero voy a hacer que todos ellos sean mejores en lo que hacen, y por eso me van a pagar.»

El negocio funciona porque resuelve un problema estructural: la desconfianza, la falta de estandarización, la información asimétrica. En Argentina, donde hay desconfianza de base—y con razón histórica—, estos intermediarios de confianza tienen oro en las manos.

Donde anida este modelo: sectores con fricción

¿En qué rubros funciona mejor? En aquellos donde hay demanda insatisfecha, muchos proveedores desorganizados, y los clientes no saben a quién recurrir. El trabajo remoto lo aceleró: hay freelancers dispersos por todo el país que antes no tenían forma de demostrar su nivel. Hay empresas PYME que necesitan talento externo pero no saben dónde buscarlo. Y hay clientes que necesitan certezas.

Lo mismo ocurre en servicios técnicos especializados, en educación continua, en consultoría sectorial. En cualquier rubro donde la experiencia es difícil de evaluar por teléfono o donde los costos de búsqueda y verificación son altos.

El tercerista gana dinero cobrándole a uno de los lados (o a ambos) por resolver esa fricción. Y funciona porque el costo que elimina es mayor que lo que cobra.

Las variantes de ingresos: no todo es comisión

La comisión es lo obvio. Cobrar un porcentaje por cada transacción que facilitás. Pero los emprendedores argentinos están experimentando con otras fórmulas.

Algunos cobran suscripción a los proveedores: acceso a plataforma, herramientas, capacitación, certificación. Otros hacen freemium: los básico gratis, lo avanzado pago. Algunos crean servicios adicionales: si vos conectás diseñadores gráficos con empresas, después podés venderles cursos de gestión de proyectos, seguros de responsabilidad civil, o software de facturación.

La lógica es siempre la misma: una vez que tenés escala, que tenés confianza de ambos lados del mercado, tu posición es muy valiosa. No es que seas imprescindible para uno u otro. Es que juntos son imprescindibles para vos.

Por qué Argentina es tierra fértil para esto

Tenemos una paradoja económica perfecta para estos negocios: hay mucho talento disperso (profesionales, técnicos, emprendedores individuales) que está subutilizado y desconectado, y hay empresas pequeñas y medianas que necesitan acceso a ese talento pero no tienen presupuesto para estructuras internas. Los dos actores no se encuentran solos. La distancia entre oferta y demanda es enorme.

Además, la informalidad crónica genera desconfianza de base. Alguien que certifica, que verifica, que garantiza, que pone su reputación de por medio, tiene mucho valor. Es casi un seguro.

Y hay un tercer factor: en Argentina circulan muchos emprendedores que fracasaron en algo, aprendieron, y ahora quieren construir infraestructura para que otros no fracasen de la misma manera. Ese tipo de reflexión genera negocios sinceros, con propósito. Y eso se nota.

Los desafíos: cuando ser tercerista te coloca en la cuerda floja

Claro que hay trampas. La más obvia es el efecto de red: necesitás volumen de ambos lados de tu mercado para que tenga sentido. Empezás pequeño, y te preguntás si conseguirás suficientes proveedores para que los clientes se interesen, o suficientes clientes para que los proveedores vean valor en estar ahí. Es el clásico problema del huevo y la gallina.

El otro desafío es la regulación. Si no sos proveedor directo, ¿qué responsabilidad tenés? ¿Y si algo sale mal? Si un profesional que certificás hace un trabajo deficiente, ¿qué pasa con vos? Esto todavía es medio salvaje en Argentina, y es un riesgo real.

El tercero es la competencia. Una vez que el modelo funciona, otros lo copian. No hay protección patentable. Tu ventaja es la marca, la comunidad, la reputación. Y eso se puede perder rápido si no lo cuidás.

El futuro: terceristas de terceristas

Lo interesante es lo que viene después. Una vez que consolidás un marketplace o un ecosistema, aparecen oportunidades de nivel superior. Emprendedores que crean herramientas para que los terceristas sean mejores. Software de calidad. Sistemas de pago. Análisis de datos. Es como ver cómo se forma un tejido empresarial de verdad.

El negocio del tercerista es, en el fondo, un negocio de infraestructura. Y la infraestructura, cuando funciona, genera capas. Genera más oportunidades. Genera multiplicación.

En Argentina, donde durante años escaseó la confianza en la instituciones (públicas y privadas), estos emprendedores que construyen puentes, que crean certezas donde no las hay, que hacen que cosas dispares funcionen juntas: son los que están ganando. No necesitan vender nada. Solo necesitan que lo que ya existe funcione mejor.

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