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Cashback y puntos: cómo los beneficios te hacen gastar más

Los descuentos y reembolsos parecen regalos del sistema financiero, pero tienen un efecto psicológico que dispara el gasto. Descubrí cuánto realmente te cuestan esos beneficios que creés que te ahorran.

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Por Admin5 min de lectura
Imagen de stock (placeholder) para "La ilusión del dinero gratis: por qué los beneficios financieros te cuestan más de lo que pensás"
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Todos hemos estado ahí. Ves un anuncio que dice "acumulá puntos en cada compra" o "recibí 5% de reembolso" y pensás: bueno, es dinero gratis. No cuesta nada aprovechar. Entonces sacás la tarjeta con más ganas, hacés compras que tal vez no habías planeado, porque total "te devuelven un porcentaje". Y así, sin darte bien cuenta, terminaste gastando más en el mes que en cualquier otro mes anterior.

Acá está el problema: esos beneficios no son gratis. Son incentivos diseñados para que gastes más dinero, no para que ahorres. Y la mayoría de las veces funcionan exactamente como se proponen los que los crearon.

El truco está en la psicología del "dinero que no conté"

Cuando recibís un beneficio financiero —un reembolso, puntos canjeables, cashback—, tu cerebro lo procesa diferente que el dinero que ganaste trabajando. Es como si no fuera dinero real. Es dinero que "llegó" sin que vos hayas hecho nada especial, así que gastarlo se siente menos grave.

Los puntos son particularmente efectivos en esto. Un supermercado te regala puntos cada vez que comprás. Los ves acumularse en una app, se sienten como un tesoro creciente. Pero acá viene lo importante: mientras acumulás puntos, seguís gastando dinero real en esas compras. El dinero que gastaste en la heladera, las bebidas, la carne, eso salió de tu bolsillo. Los puntos son solo una devolución parcial de lo que ya gastaste.

Y entonces, cuando tenés suficientes puntos para canjearlos, qué pasa? Muchas veces te inclinás por un producto que en realidad no necesitabas, solo porque "estás usando los puntos". Es decir: primero gastaste dinero real en cosas que quizás tampoco necesitabas, para poder acumular puntos y después gastar en cosas que menos aún necesitabas.

El cashback: la trampa del "dinero que vuelve"

El cashback suena más directo: comprás algo y te devuelven un porcentaje en dinero real. Parece simple, parece ventajoso. Pero tiene el mismo efecto psicológico que los puntos, solo que disfrazado de otra forma.

Imaginá que una tarjeta te ofrece 2% de cashback en todas tus compras. Eso significa que de cada cien pesos que gastás, recuperás dos. Suena bien, ¿verdad? El problema es que para recuperar esos dos pesos, tuviste que gastar cien. Y si el cashback te da la sensación de que "estás haciendo un buen negocio", es probable que termines gastando más de lo que gastarías sin ese incentivo.

Hagamos la matemática: si sin cashback gastabas mil pesos en un mes, con 2% de cashback recuperarías veinte pesos. Pero si el beneficio te motiva a gastar mil doscientos pesos (porque "total, recupero veinticuatro"), perdiste ochenta pesos netos. El beneficio se convirtió en un costo.

Por qué los beneficios existen (y no es por tu bien)

Las entidades financieras no regalan dinero por generosidad. Los beneficios existen porque les rinden. Un banco o una empresa de tarjetas sabe exactamente cuánto cuesta ofrecerte ese 5% de reembolso. Lo saben porque tienen datos de miles de clientes: cuánto más gastás cuando tenés beneficios, cuánto tiempo tardás en canjearlos, qué productos elegís, cómo eso impacta en tu comportamiento a largo plazo.

Si ofrecen un beneficio es porque, estadísticamente, el dinero que pierden en reembolsos es menor que el dinero que ganan con que vos gastes más. Es un negocio para ellos, no una regalo para vos. Y vos estás pagando esa diferencia con tu dinero.

El costo invisible: las tasas y las comisiones

Acá viene otro detalle que muchas veces se pasa por alto: muchos de estos beneficios vienen atados a tarjetas que cobran costos de mantenimiento, tasas de interés más altas si no pagás en tiempo, comisiones por consultas, adelantos o transferencias. A veces, lo que recuperás en cashback, lo perdés en comisiones sin darte cuenta.

Una tarjeta que te da 3% de cashback pero cobra 25 pesos mensuales de mantenimiento, requiere que gastes más de 800 pesos solo para que el cashback compense la comisión. Eso es antes de cualquier otro costo.

¿Entonces los beneficios nunca sirven?

No es que los beneficios sean completamente inútiles. Existen escenarios donde realmente podés aprovecharlos. Pero para que funcione a tu favor, necesitás cumplir una sola condición: tenés que gastar lo mismo dinero que gastabas igual, con o sin beneficio.

Si vos de todas formas ibas a comprar esa heladera, si de todas formas ibas a cargar nafta, si de todas formas ibas a pagar servicios, entonces sí: el cashback o los puntos son dinero extra. Ganaste sin hacer nada diferente.

Pero si el beneficio te motiva a gastar más, si te lleva a hacer compras impulsivas "porque estoy ganando puntos", entonces el beneficio te salió caro. Muy caro.

La pregunta que deberías hacerte siempre

Antes de activar una tarjeta por sus beneficios, hacete esta pregunta: ¿Gastaría este dinero igual sin estos beneficios? Si la respuesta es sí, adelante. Si es no, si los beneficios son lo que te motiva a gastar, entonces no es un beneficio. Es una deuda futura disfrazada de regalo.

El dinero más fácil de gastar es el que no sentimos que estamos gastando. Y eso es exactamente lo que los beneficios financieros hacen: te convencen de que cierto gasto no es un gasto real, o que al menos "te devuelven algo". Pero cada peso que sale de tu cuenta es un peso menos que tenés para ahorrar, invertir o gastar en lo que realmente importa.

Los incentivos financieros son poderosos porque explotan cómo pensamos el dinero. Pero si entendés cómo funcionan, podés usarlos sin que ellos te usen a vos.

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