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Buscás aprobación adentro: cómo la autoevaluación te atrapa
La obsesión por validarte a vos mismo es más sutil y más peligrosa que buscar validación externa. Te deja girando en círculos sin avanzar.
Hace años que escuchás el mantra: "No necesitás la aprobación de otros, validate a vos mismo". Es un buen consejo. El problema es que muchos lo tomaron como un imperativo, y ahora están encerrados en algo peor que buscar aplausos afuera: la búsqueda obsesiva de aprobación interna.
Pasaste de depender del juicio ajeno a depender del tuyo propio. Y sinceramente, la autocrítica puede ser un tirano mucho más despiadado que cualquier persona en tu entorno.
El espejo que nunca está satisfecho
Cuando empezás a validarte a vos mismo, la idea suena liberadora. Ya no necesitás que otros crean en vos. Vos mismo sos tu brújula. Pero acá está lo tramposo: nunca sabés exactamente qué necesita ese juez interno para estar conforme.
Si terminas un proyecto, tu mente tiene mil formas de deslegitimarlo. "No fue lo suficientemente bueno". "Lo habría podido hacer mejor". "Otros lo habrían hecho mucho mejor". La vara que levantaste para vos mismo es infinitamente móvil. Cada vez que te aproximás, ella se aleja un poco más.
Es como intentar atrapar tu propia sombra: cuanto más la buscas, más te das cuenta de que no podés fijarla. La validación interna, cuando se vuelve obsesiva, es un agujero sin fondo.
Cuando la autocrítica se vuelve una prisión
Hay una diferencia fundamental entre autorreflexión saludable y autoflagelo disfrazado de crecimiento personal. La primera te permite aprender. La segunda te quema desde adentro.
Muchas personas que creían estar "trabajando en sí mismas" están en realidad en un diálogo constante de reproche. Se juzgan por cada decisión, cada palabra que dijeron, cada momento donde "no fueron suficientes". Es un monólogo interno que nunca descansa.
¿El resultado? Parálisis. Porque si la única validación que importa viene de adentro tuyo, y esa voz interna es crítica en exceso, terminás sin permiso para actuar. Esperás a estar "listo". Esperás a sentirte "merecedor". Pero esos estados nunca llegan, porque la vara sigue subiendo.
La paradoja del autodescubrimiento
Aquí hay algo que casi nadie menciona: vos no podés ser completamente objetivo con vos mismo. No sos un ente externo que se mire con distancia. Sos parte de la escena. Tu perspectiva sobre vos está inevitablemente sesgada por tus miedos, tus inseguridades, tu historia.
Cuando buscás validación interna como fuente única, estás buscando que alguien que no existe (una versión perfectamente objetiva y sabia de vos) te diga que estás bien. Pero esa versión no existe. La que existe sos vos, con todos tus prejuicios y limitaciones.
Esto no significa que no debas reflexionar sobre vos. Significa que necesitás entender que esa reflexión es siempre parcial, siempre incompleta. Y está bien. De hecho, es lo único que hay disponible.
El valor de lo "suficientemente bueno"
Donald Winnicott, psicólogo, habló sobre la importancia de lo "suficientemente bueno" en la crianza. El concepto es simple pero revolucionario: los padres no necesitan ser perfectos. Solo suficientemente buenos. Y eso es lo que permite que los hijos crezcan bien.
Podés aplicar eso a vos. No necesitás una validación interna que sea perfecta, inquebrantable, filosóficamente rigurosa. Necesitás una que sea suficientemente buena. Una que te permita avanzar sin estar constantemente revisando tus cimientos.
La validación suficiente es la que te permite cometer errores sin arruinarte. La que te permite intentar cosas sin la garantía de que saldrán perfectas. La que te deja estar medianamente en paz contigo, incluso cuando te gustaría haber hecho cosas diferente.
Cómo cortar el ciclo
Si reconocés que estás atrapado en la búsqueda de validación interna obsesiva, acá hay algo que podés hacer: reconocé que esa búsqueda es también una trampa. Es sutil, porque está disfrazada de trabajo personal, pero es una trampa igual.
Probá esto: durante una semana, cada vez que tu voz interna te juzgue, anotalo. No para mejorar (ojo con volver esto en otra forma de autocrítica). Solo para ver el patrón. Verás que la mayoría de esos juicios son repetidos, automáticos, sin mucho fundamento real.
Después, intentá hablar con esa voz como si fuera otra persona. ¿Qué le dirías a un amigo que se dice esas cosas? Probablemente le dirías que baje un cambio. Que está siendo injusto consigo mismo. Que no todo necesita ser optimizado constantemente.
Decite lo mismo a vos. No porque sea "técnicamente correcto", sino porque es más útil que la alternativa.
La libertad de no estar siempre validado
Acá va la verdad incómoda: no necesitás estar validado todo el tiempo. Ni por otros, ni por vos. Podés simplemente existir, hacer cosas, equivocarte, aprender, y estar medianamente bien sin que alguien (incluyéndote a vos) te dé el visto bueno permanente.
Es posible que eso suene peligroso. Que pienses: "Si no me valido a mí mismo, quién lo va a hacer?". La respuesta es que probablemente nadie. Y está bien. Porque la vida no está esperando tu permiso. Las cosas suceden. Vos crecés, aunque no tengas un puntaje perfecto en tu propia evaluación.
La verdadera libertad no viene de encontrar una fuente de validación que nunca falle. Viene de dejar de necesitar que algo nunca falle.
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