Cofundadores en la rueda de emergencia: el retorno a CEO que marca 2026
Aneel Bhusri regresó a Workday, Ryan Holmes a Hootsuite, Brandon Mintz a Bitcoin Depot. No es nostalgia: es que los directorios descubrieron que en la era de la IA, los profesionales externos no pueden gobernar lo que los fundadores inventaron.

En febrero de 2026, Workday anunció algo que en otras épocas habría soado a fracaso empresarial: su cofundador Aneel Bhusri volvía como CEO después de años en el rol de presidente ejecutivo, reemplazando a Carl Eschenbach, un ejecutivo de carrera que había liderado la expansión global de la compañía con disciplina operativa. El movimiento fue suave, casi quirúrgico. Pero la realidad subterránea es más áspera: la empresa necesitaba el instinto original otra vez.
El patrón de 2026: no es una excepción, es una tendencia
Workday no está sola. En el mismo año, Hootsuite también convocó de vuelta a Ryan Holmes, su fundador. Bitcoin Depot hizo lo mismo con Brandon Mintz. En Ocado, Tim Steiner partió. Incluso en corporaciones más grandes como Berkshire Hathaway, Greg Abel tomó el timón tras Warren Buffett, aunque en ese caso con un sucesor interno de larga data. El patrón es visible: cuando la incertidumbre sube, los directorios confían en quien ya navegó antes aguas desconocidas.
No se trata de ejecutivos que fracasaron. Carl Eschenbach llevó a Workday a una madurez operativa más sólida en un período de expansión global. Pero eso fue el trabajo de los últimos años: consolidar. Ahora la empresa enfrenta otra cosa: liderar en una era donde la IA es central, donde los productos cambian cada trimestre, donde lo que parecía estrategia hace tres meses quedó obsoleto. Y los directorios descubrieron, sin decirlo en voz alta, que el expertise empresarial tradicional no es suficiente.
¿Por qué un fundador entiende cosas que un CEO profesional no?
Cuando un fundador crea una empresa, vive una ficción constante: la de que ese problema existe y vale la pena resolver. Lleva esa ficción en el cuerpo. Cuando un CEO profesional llega años después, hereda la solución. Entiende el negocio, pero no la pregunta original. La diferencia importa cuando el mercado se reorganiza.
En un entorno estable, el ejecutivo profesional gana: trae procesos, disciplina, escalabilidad. Pero cuando todo se mueve —como ahora con la IA redibujando competitividad en tiempo real— el fundador tiene una ventaja: sigue preguntándose por qué el problema existe. Mientras el CEO profesional optimiza lo que hay, el fundador está dispuesto a destruir lo que hay para volver a la pregunta original.
Aneel Bhusri no regresó porque Eschenbach hiciera mal su trabajo. Regresó porque el rol del CEO cambió. Ya no se trata solo de ejecutar un plan de cinco años. Se trata de estar dispuesto a tirar el plan cada noventa días si la realidad lo exige.La velocidad a la que cambia el juego en 2026 tiene reglas nuevas, y los fundadores, por instinto, juegan diferente.
El riesgo del retorno: revivir viejos patrones
No es un movimiento sin costos. Los fundadores trajeron estas empresas desde cero, pero también cargan con los vicios de su liderazgo inicial. Bhusri es un visionario, pero la misma intensidad que lo hizo crear Workday puede frenar a ejecutivos que necesitan autonomía. El board sabe esto. Por eso no siempre traen al fundador a tiempo completo en operaciones: a menudo lo ponen en modo visión estratégica con un COO o CRO que ejecuta.
En Hootsuite, Ryan Holmes volvió de lleno. En Bitcoin Depot, Brandon Mintz se convirtió en presidente ejecutivo estratégico mientras Scott Buchanan, su COO, manejaba operaciones. La coreografía importa. Si el fundador regresa y quiere rescribir todo, la organización se desmorona. Si regresa pero se ve impedido de experimentar, pierde su ventaja.
La lectura más profunda: el mundo cambió más de lo que las juntas directivas pensaban
Hace tres años, la idea era que la profesionalización era irreversible. Que una vez que contrataras a un CEO de Goldman Sachs o Accenture, su expertise se volvía indispensable. Que los fundadores eran necesarios para el ADN pero no para el timón. 2026 tiró eso al tacho.
La era de la IA aceleró todo. Productos que tomaban dos años para llegar al mercado ahora toman tres meses. Decisiones que parecían estables hace un trimestre ya fueron superadas. Los mercados se reorganizan entre ciclos de board. En ese caos, el fundador —que ya navegó caos una vez, en la creación— tiene una licencia psicológica que el ejecutivo profesional no tiene. El profesional fue entrenado para gestionar riesgo. El fundador fue entrenado para crear bajo riesgo total.
El CEO que gobierna máquinas sin perder el control de la visiónes la competencia de 2026. Y resulta que los fundadores, por su propia historia, ya jugaron ese juego una vez.
¿Regresa la moda del fundador para siempre?
Probablemente no. El retorno de los fundadores es una admisión temporal: que el contexto cambió más rápido de lo que los procesos de sucesión corporativa podían seguir. Cuando la turbulencia se estabilice —si se estabiliza— volverán los ejecutivos profesionales. Porque una empresa que ya escaló también necesita disciplina, sistemas y una ejecución predecible. Lo que nadie esperaba es que la ventana de turbulencia sería tan amplia.
Por ahora, 2026 es el año donde los fundadores volvieron a la rueda de emergencia. No porque los ejecutivos fallaran, sino porque el mundo aceleró más de lo que todos subestimaron. Y cuando todo se mueve a esa velocidad, el único que ya estuvo en el caos —el que construyó algo desde nada— tiene más herramientas que el que heredó algo ya construido.
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