24/04/2026

Deportes

El hombre que nadó contra todo: la historia de Óscar Galíndez

De una villa correntina sin pileta a campeón mundial de natación paralímpica, pasando por una enfermedad que lo dejó sin movilidad a los 17 años.

Cuando el diagnóstico llegó, los médicos fueron directos: Óscar Galíndez no volvería a caminar. Tenía 17 años, vivía en una villa de Corrientes y nunca había pisado una pileta olímpica. Lo que pasó después desafía cualquier lógica del deporte convencional.

El principio: agua y pobreza

Óscar creció en el barrio Molina Punta, en las afueras de Corrientes capital. Su relación con el agua empezó en el río Paraná, donde nadaba con sus hermanos desde los 5 años. No había instructor, no había técnica, no había cronómetro. Solo el río y el verano.

A los 15, un profesor de educación física lo vio nadar en una excursión escolar y lo llevó a una pileta municipal. Cronometró una vuelta. Le dijo que tenía algo. Pero en esa villa, "tener algo" no alcanzaba para pagar la cuota de un club ni para comprar zapatillas de natación. Los primeros meses entrenó descalzo en el borde.

"Me decían que el deporte era para los que podían pagarlo. Yo nunca lo creí."

El diagnóstico que cambió todo

A los 17, lo que parecía un dolor muscular de entrenamiento resultó ser el inicio de una mielitis transversa, una inflamación severa de la médula espinal. En semanas, perdió la movilidad de ambas piernas. El médico que lo atendió en el hospital público provincial no tuvo rodeos: la recuperación total era improbable. La vida que había empezado a imaginar se cerró de golpe.

Pasó 11 meses en rehabilitación. Salió en silla de ruedas. Tenía 18 años, una madre que trabajaba en limpieza y ningún plan.

El agua, de nuevo

Fue su fisioterapeuta quien sugirió que volviera a la pileta: no para competir, sino para recuperar movilidad. Óscar fue. Y en el agua, algo pasó. La silla de ruedas no existía. El diagnóstico tampoco. Solo existía el movimiento.

Empezó a entrenar natación adaptada sin saber que existía la categoría paralímpica. Un año después, clasificó a su primer campeonato nacional. Ganó dos medallas. A los 21, integró por primera vez la selección argentina paralímpica.


La recompensa

Lo que siguió es lo que el deporte tiene de extraordinario cuando la narrativa no está escrita de antemano: tres medallas en los Juegos Parapanamericanos, un récord sudamericano en 100 metros pecho en su categoría, y una historia que hoy se usa en programas de entrenamiento mental para deportistas de alto rendimiento en el país.

No tiene sponsor principal. Entrena en una pileta prestada por un club de barrio en Corrientes. Viaja a competencias con presupuesto del Estado, cuando está.

"El agua no sabe si sos pobre, si estás en silla o si nadie te conoce. El agua solo te mide."

Lo que su historia enseña

En el deporte de élite se habla mucho de resiliencia como concepto abstracto. La historia de Óscar la hace concreta: es levantarse once meses después de perder la movilidad y volver a una pileta, no con una meta olímpica en mente, sino simplemente porque en el agua eras vos.

El talento sin sistema produce deserción. Con Galíndez, el sistema falló varias veces: no hubo club que lo buscara de chico, no hubo red de contención cuando se enfermó, no hubo sponsor cuando ganó. Y aun así, ganó.

Eso es lo que hace que su caso sea tan difícil de procesar y tan fácil de recordar.

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