25/03/2026
La empresa creadora de ChatGPT tomó una decisión que sorprendió al mundo tech: bajó la persiana de su herramienta de generación de video. Menos de año y medio después de su lanzamiento, Sora ya no existe. ¿Qué está pasando realmente en OpenAI?
La noticia llegó como un baldazo de agua fría. OpenAI cerró Sora, su inteligencia artificial para generar videos, apenas 14 meses después de presentarla al mundo con bombos y platillos. Con ella se fue también un acuerdo millonario con Disney, que había apostado fuerte por la tecnología para que sus fans crearan contenido con sus personajes. El golpe fue doble.
Pero más allá del impacto inmediato, el cierre de Sora revela algo más profundo: OpenAI está en un proceso de recalibración total.
Durante los últimos años, OpenAI fue construyendo un empire a la velocidad del rayo. ChatGPT como chatbot, Sora para video, un generador de imágenes, Codex para programación, un navegador web propio, herramientas de inicio de sesión para terceras apps, y hasta planes para fabricar sus propios chips junto a Broadcom. La filosofía era simple: abarcar todo y ver qué funcionaba.
El problema es que esa estrategia tuvo el efecto contrario al buscado. Mientras OpenAI tocaba todos los palos, sus competidores se concentraron. Y en el mundo de los negocios, el foco suele ganar.
El caso de Anthropic es ilustrativo. Esta empresa, fundada por ex empleados de OpenAI y considerada su rival más feroz en el segmento empresarial, no tiene generador de imágenes, ni de video, ni navegador propio. Solo modelos de lenguaje muy bien entrenados, precisos y confiables. Y esa apuesta está dando resultados: en el uso corporativo controla el 32% del mercado, frente al 25% de OpenAI. En el segmento de programación, la diferencia es aún más pronunciada.
Mientras tanto, la cuota empresarial de OpenAI cayó del 50% en 2023 a apenas el 25% en la actualidad. Una caída difícil de ignorar.
Detrás de todas estas decisiones hay un factor determinante: tanto OpenAI como Anthropic se preparan para salir a cotizar en bolsa. Cuando eso ocurra, las reglas del juego cambian por completo. Ya no alcanza con levantar rondas de inversión de miles de millones de dólares; hay que mostrar productos rentables, equipos enfocados y una estrategia clara.
En ese contexto, cerrar Sora no es una derrota. Es soltar lastre antes de la carrera más importante. OpenAI necesita convencer a los mercados de que puede sostener un negocio sólido, no solo de que es capaz de sorprender con demos impresionantes.
La historia de Sora es también una lección universal para cualquier emprendedor o empresa: ser pionero no garantiza ser el mejor. La velocidad de lanzamiento sin una estrategia clara puede terminar diluyendo el esfuerzo y los recursos.
OpenAI fue quien puso la IA en boca de todos. Pero si no logra concentrar su energía donde realmente importa, corre el riesgo de que otros, más enfocados, le terminen ganando la partida.
El tiempo dirá si este paso atrás fue la pausa que necesitaba para dar un salto más grande. En una industria que se mueve tan rápido, no tardaremos mucho en saberlo.
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17/03/2026